¿QUIÉN ERES TÚ? – 9ª Parte

Publicado: noviembre 29, 2009 en Intento de relato

A las 9:35 de la mañana, el Dr. Joro Bite entra en la recepción del juzgado superior de la corte mundial. Presenta a los 3 SN de guardia su identificación y la acreditación como testigo para el juicio contra el Dr. Davos. Segundos después, el más pequeño de los uniformados lo acompaña hasta la reducida estancia situada en uno de los laterales de la sala principal. Desde allí se puede seguir los acontecimientos del interior de la sala principal, gracias a un monitor incrustado en la pared. El SN le explica que no puede acceder hasta que sea llamado por el juez, cuando eso ocurra, desbloqueará la puerta con la tarjeta de acceso general que posee. Los dos se sientan con toda la atención fija en la nítida pantalla.

La sala de audiencias principal de los juicios rápidos tiene forma triangular. En el vértice delantero se encuentra la mesa del juez que preside la sesión. Está ubicada en un nivel más elevado que el resto de la sala, flanqueada por dos SN antropoides. A continuación, más adelante y 20 centímetros más abajo, están las mesas correspondientes al fiscal acusador, a la derecha del juez y la mesa del abogado oficial de la defensa, a la izquierda de la máxima autoridad. Frente a ellos, hay tres filas de cómodos sofás de piel para los 13 selectos invitados a presenciar el juicio. Generalmente suelen ser altos mandos de las diferentes facciones del estado. La primera fila, y más larga, tiene 6 localidades, la siguiente, 4 y la última 3.

En el centro de la sala está colocada una mísera e incómoda silla que ha de ocupar el acusado dando la espalda a los invitados y mirando hacia el juez y los abogados.

Los SN, encargados de conducir al acusado, con los pechos henchidos y las frentes más elevadas que de costumbre, hacen la entrada en la sala por la puerta lateral situada a la izquierda y los murmullos cesan inmediatamente. Todos los ojos se dirigen a la figura abatida de uno de los científicos más espléndidos del mundo. Minutos antes, en las charlas previas, había consenso entre los invitados. Nadie hubiese esperado ver al brillante científico ocupar el sitio menos agradable de la sala.

El Dr. Davos se deja conducir pasivamente hacia su lugar reservado. No necesita fijarse en las caras de los asistentes, prácticamente los conoce a todos. En los últimos 2 años, se ha reunido con la mayoría de ellos para ofrecerles soluciones a los diferentes problemas que planteaba El Proyecto. No precisa observar sus gestos para adivinar lo que piensan aquellos que, hace tan pocos días, le adulaban y le aplaudían.

Los golpes del juez, con el mazo, sobre la mesa, retumban en la triangular sala y se hace un silencio solemne. Acto seguido el fiscal acusador lee el nombre del acusado, su profesión y demás datos personales y culmina con la denominación del delito y una breve explicación:
– … Se le acusa de Alta Traición, por haber compartido con un civil un proyecto secretísimo, cuya sóla mención está prohibida a quienes son conocedores del mismo. El acusado que, durante estos magníficos años de gobierno mundial, ha gozado de la más amplia libertad de obra y pensamiento, ha roto en mil pedazos y de la manera más vil, la confianza depositada en él. Por lo que pido el castigo más elevado del código de infracciones de la corte mundial.

El juez, con un rimbombante gesto de sus pobladas cejas, cede la palabra al abogado oficial de la defensa. Éste, también es breve:
– Lo que ha manifestado mi colega es verdad. Lamento profundamente el comportamiento del acusado, máxime si tenemos en cuenta lo bienquisto que ha sido siempre. Únicamente puedo ofrecer como atenuante de su comportamiento, que la persona receptora de sus confidencias, es su esposa.

En ese instante los murmullos parecen volver a renacer entre los invitados. El juez golpea la mesa y durante unos larguísimos segundos, se mantienen; pero finalmente cesan.

El fiscal acusador aprovecha ese momento para levantarse de un salto de la silla y vociferar:
– ¡Sí señores! El acusado es uno de los pocos hombres que recibieron la benignidad de la regencia para tener esposa. No es necesario recordarles que la monogamia está excluida de la lista de comportamientos ejemplares de los ciudadanos. Pero el inculpado, a pesar de su adelantada visión científica, no supo llevar al mismo ritmo, su desfasada mentalidad afectiva. Las evidencias presentadas por eminentes especialistas manifestando que el sentimiento llamado “amor de pareja” ocasionaba más perjuicios que beneficios no fueron aceptadas por el imputado en su momento. He ahí las consecuencias. Fuimos generosos con él, hicimos una excepción para permitirle una vida diferente a la mayoría y hemos recibido su moneda de pago. Bien señores, considero que los hechos están absolutamente claros y no podemos perder más tiempo. Señoría, proceda, por favor…

El Juez se pone en pie, dirige su despectiva mirada al científico que, hundido en la silla, parece haber caído en un letargo pesado y empieza:
– Señores, ante los argumentos presentados, tengo clara la sentencia para el…

En ese preciso momento, la puerta situada a la derecha del acusado se abre violentamente.

El Dr. Joro Bite con el arma reglamentaria de un SN en su mano derecha y la tarjeta de acceso a las instalaciones en la otra, aparece como un ciclón. Con dos zancadas se coloca a junto al ocupante de la primera fila de los invitados, su brazo izquierdo se enrosca en el cuello del pálido y petrificado personaje y con total determinación, apunta directamente a la frente del individuo.

– ¡Que nadie se mueva! Un solo gesto de cualquiera de ustedes y la cabeza del gran eugenesista Finda explotará en diminutas partículas…

Todos se han convertido en estatuas. El silencio es absoluto. Sólo se captan las respiraciones que no se pueden contener más.

El Dr. Davos se ha puesto en pie y tiene sus esposadas muñecas sobre su cabeza, la incredulidad invade todo su ser.
– Joro, ¿qué haces, amigo mío? ¿no te das cuenta de que es una locura?

El Dr. Bite le dirige una sonrisa y un guiño cómplice a su colega:
– Lo sé, compañero, pero te aseguro que te saco de aquí como sea. Usted, juez Gomu, lentamente, escúcheme bien; muy lentamente, retíreles las armas a esos simios que tiene a su lado, hágalo sujetándolas por el cañón.- Ahora se dirige a los que custodian al Dr. Davos. – Ustedes, levanten las manos lo más alto que puedan. Quiero verlas arriba, muy arriba, ¿está claro? Eh socio, coge las llaves de las esposas, quítatelas y retírales las armas a esos.

-¿Cree que se saldrá con la suya, Dr. Bite? ¿Piensa que podrán escapar? ¿A dónde? Ya lo sabe, no hay escapatoria…- La voz rasposa del juez parece dispersarse lentamente por la sala. Tiene las pesadas pistolas aferradas por el cañón y con una calma impensada, las deposita sobre la mesa.

– No es asunto suyo donde vayamos, juez Gomu. Pero usted nos va a ayudar mucho.

El Dr. Bite observa que su amigo ya está libre y con un arma en cada mano. Le hace un gesto indicativo con la cabeza:
– Ven aquí. En el bolsillo interior de mi abrigo, hay un repiciente cilíndrico. Sácalo, ábrelo y ponle al juez Gomu lo que encontrarás dentro.

El Dr. Davos se coloca una de las pistolas entre el cinturón y con la mano libre hurga en el bolsillo señalado. El bote que aparece ante los atónitos ojos de la sala luce totalmente inofensivo. El científico lo voltea y un collar azul brillante se materializa en su mano. Lanza una mirada de extrañeza a su amigo y éste asiente con la cabeza.

-Sí, un juguetito de nuestras “gloriosas” fuerzas especiales que adquirí hace un tiempo. Es el “murderer caressing”. No pensaba que lo necesitaría tan pronto. Pónselo. Cuando lo tenga en su cuello, activaré su mecanismo con el control remoto que tengo en mi reloj. El collar se pegará a la piel y durante el transcurso de una hora el cepo se irá cerrando suave, pero inexorablemente hasta asfixiarlo por completo y finalmente explotará cuando no reciba las constantes vitales del respetado juez Gomu. Juez, si se pregunta si hay alguna manera de detenerlo, la respuesta es sí. Se detiene el funcionamiento exclusivamente con mis pupilas. Se debe hacer coincidir mi mirada y el parpadeo de X número de veces de mis ojos sobre el control remoto y uno de los eslabones de su collar nuevo. Entonces comprenderá que a partir de este momento, soy la única persona que le puede salvar la vida.

El juez permanece impasible cuando el liberado Davos le coloca el extraño collar, pero cuando el científico empieza a alejarse, eleva la voz y le pregunta al Dr. Bite:
– Dr Bite, todo esto lo hace por… ¿generosidad? ¿altruismo? ¿amistad? O quizá porque está enamorado de…

– ¡ CÁLLESE !

Continua aquí:

https://malomalisimo69.wordpress.com/2009/12/14/quien-eres-tu-10-parte/

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comentarios
  1. griet dice:

    El Dr. Bite es gay????? mmmMMM… que sorpresa!!!! … yo llegué a pensar que estaba enamorado de Darita…
    Sigo intrigadísima!
    Chao chao chao jajajaja!

  2. Luna T.I.N.S.J dice:

    IM PRE SIO NAN…………..TE!! A esta historia de Malote………..le faltaba un malote jejeje, no puedo evitarlo me pone solo la idea de ver que alguien se salta las reglas, comete una ilegalidad y que además parece que se salé con la suya jajajaja, muy buena está 9ª entrega.

    uumm cuantas cosas por esclarecer, espero ya el siguiente capitulo,recibe un besazo Malote.

  3. Isma dice:

    uf que buena historia… espero ke no sea muy larga jeje. me la he leído de un tiron

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